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Una
finca de 14.000 m2 rodea el conjunto arquitectónico, dos hórreos y un
cruceiro comparten espacio en el jardín con las terrazas y los caminos de
pies hasta el río. Los perros descansan al sol o acompañan las caminatas
de los huéspedes por el jardín. La amplia piscina permite disfrutar con
tranquilidad de los buenos días del verano.
Al lado de la galería del
comedor se encuentra un hórreo, una de las más conocidas y emblemáticas
construcciones tradicionales gallegas. El otro está cerca de la parra,
donde se puede tomar un café, leer a la sombra en las largas tardes de
verán o simplemente deleitarse con el cambio de colores durante el otoño.
El cruceiro, que recuerda
los usos religiosos originales del conjunto, está situado cerca de la casa
pequeña, en una de las terrazas. El gran tamaño de la finca permite además
al huésped hacer por su cuenta pequeños y grandes descubrimientos de flora
y fauna, sin tener que irse muy lejos de la casa. |